
Por: Mónica Samudio Valencia
Es magnifico sentir lo innato en algo, lo puro y propio, es difícil comprender lo que fue y no volverá ha ser jamás, como todo, como cualquier cosa, la diferencia está en que Andalucía no es cualquier cosa.
Una mirada profunda y cansada, un caminar pausado, con ropas que parecían más de campesino de tierras lejanas que de un ciudadano común, unos labios de los que fluyeron pensamientos e ideas que aunque modestas y tenues, lograron cambiar el pensamiento de mucha gente, así era Adán Rua, uno de los primeros habitantes sino el primero que empezó ha escribir la historia del barrio hasta el día de su muerte.
Su esposa Gabriela Piedrahita era una mujer de piel blanca, estatura media, con un carisma enternecedor, con tanta sabiduría como la que solo podían dar los años y una mirada casi igual de brillante que la de su esposo.
Pero, ¿cómo fue que estás dos personas lograron inspirar tanto respeto entre sus vecinos?, por que donde quiera que se pregunte por los personajes destacados o que más han trabajado por el barrio, responderán que son ellos, desde la familia de doña Alicia Gil hasta la familia Ochoa, hablan de lo importante que fueron para el desarrollo del barrio.
Juan García, un habitante del barrio desde su inicio, recuerda como su padre quien se llamaba igual que él, le contaba que entre los años 1943 y 1947, tiempo en el cual comenzó la población del barrio, Andalucía era una gran montaña con pequeñas cañadas, “cuando llegamos no sabíamos en donde y con que construir, por eso junto con Adán Rua empezamos cogiendo caña brava del río y con tierra construíamos los ranchos, como es obvio no contábamos con servicios públicos, hacíamos letrinas y las mujeres lavaban y traían agua de cañada negra, en esos momentos ya estábamos bastantes familias conviviendo en esta gran montaña, como las Ochoa, los Jaramillo, la familia Rodríguez y los Herrera, éramos buenos amigos”, comenta Juan García, recordando las palabras de su padre.
Cuentan los habitantes de aquella época que aprovechaban cada cosa que tenían, como lo fue el fogón el cual tenía una chimenea y era llamado “el reverbero”, las cenizas que salían de allí eran utilizadas para lavar el mismo fogón, en esos días todos tenían que ser muy prácticos y creativos en todo lo que hacían, sin embargo hay algo más relevante lo cual todos sus habitantes destacan y es, sin lugar a dudas la inagotable perseverancia, el amor y esfuerzo con el cual realizaban las cosas, pues casi todos en el barrio dicen lo mismo “nadie como ellos hacían las cosas con tanta pasión”.
Gracias a ese sentido de colaboración y amor por el barrio es que se le respeta tanto a la familia Rua, quienes convirtieron las dificultades y los inconvenientes en un pensamiento que término convirtiéndose en una gran idea. “La sociedad mutual nace del amor que le tenían mis padres a la comunidad, por eso mismo con la muerte del señor Andrés Jaramillo, su familia se ve obligada ha pedir dinero para su entierro, lo que con justa razón causa que mis padres busquen la solución ante esto”, comenta Alba Rua, hija de Gabriela y Adán Rua.
Pero era casi imposible que la familia Rua, sin la ayuda de nadie más hubieran creado tan gran beneficio, contaron entonces con el apoyo de toda la comunidad que participaba en las rifas y eventos que estos hacían para la recolección de fondos, de esta manera se fue consolidando la sociedad, gracias a lo cual lograron contar con un salón grande donde recibían el dinero y hacían las velaciones, tuvieron muchos inconvenientes como en todo proyecto en el que se busca ser mejor, pero ellos tuvieron el valor de continuar y superaron todos los inconvenientes.
Pero en esos días no todo era trabajo, por eso los fines de semana don Adán y doña Gabriela, se divertían con todos sus vecinos en lo que ahora es la cancha, en este lugar don Víctor, quien era el encargado del quiosco donde todos se reunían, tenía un motor de luz ubicado en su establecimiento, gracias a esto y al único equipo de sonido del barrio podían animar sus noches en las cuales escuchaban música, bailaban, narraban las novelas y por medio de un parlante se ofrecían dedicatorias.
Más de un amor se consolido allí, entre el baile, la música y la diversión; cuentan los antiguos hombres del barrio que mientras sus novias se encontraban en sus respectivas casas, ellos aprovechaban y se quedaban bailando con esas otras mujeres que nunca se han acostado temprano.
Mientras los años transcurrían lentos y sin mayores alteraciones, poco a poco iba llegando más gente al barrio, unos venían de San Cristóbal, otros incluso de lo que ahora es el Poblado, también de Belén y algunos otros como Roberto Saldarriaga quien llegó en 1949 al barrio, procedían de pueblos cercanos, Roberto Saldarriaga siempre se caracterizo por ser un hombre trabajador y con mucha trayectoria en el barrio, quien desde su humilde hogar recuerda con nostalgia aquellos días, la dificultades que sufrían y como antes todo el lugar era un pantanero.
A diario se puede ver por las calles del barrio a don Roberto con su joven hija Elena, con la cual ha convivido toda su vida, mientras recuerda con alegría que su casa fue la primera que tuvo un radio en el barrio, el cual estaba conectado a un cable en la esquina de su casa (lo que ahora es la cra49), en este lugar había una guadua y de allí salía un cable que llegaba hasta las casa, el cual estaba unido a un cono por donde se escuchaba la emisora radial. También utilizando guaduas traían el agua desde el morro.
Entre las medallas y trofeos que decoran la casa de don Roberto, se nota su gusto y amor por el deporte y mientras estos detalles se hacen notorios, su hija Elena comenta sobre las antigüedades de su casa, como el escapulario que le dieron a su papá en la primera comunión hace 70 años y su equipo de sonido que tiene más de 20 años, mientras tanto don Rodrigo con cierta modestia se refiere al primer torneo de fútbol que realizaron en el barrio, el cual gracias a su esfuerzo logro salir adelante.
Como los Saldarriaga, hay otra familia que también vive entre los trofeos y las medallas de sus triunfos, ellos son Selene y Víctor Ocampo, quien constantemente los habitantes del barrio observan siempre organizando su tumulto de guayos y hablando de los buenos torneos que jugaban en la cancha, además afirman con orgullo que fueron la primera pareja en haberse casado en la iglesia “las Victorias”.
Selene Ocampo, también recuerda el gran recorrido que han tenido sus vecinos Adán y Gabriela Rua, con la sociedad mutual, la cual como ella misma afirma “ha sido una ayuda incansable y constante para el barrio”.
Para entonces ya no era sólo sociedad mutual, ahora era “La valvanera” en honor al monumento que se tenía de la virgen en la esquina derecha del salón de la sociedad mutual, una sociedad que para ese tiempo se había convertido en un lucro para los Rua, quienes dirigían esta sociedad mutual.
En aquellos años Juan García, padre, se hacía cargo de la pólvora en los festines del barrio, pero ahora su hijo Juan continuo con el legado, cada año regalaban a la iglesia el cirio en semana santa, “por tradición todos los hombres en la familia han cargado los santos” comenta Juan García hijo, junto a su hermano Diego, otro de los hijos de la familia García, quienes además regalaron el querido y admirado “Cristo resucitado” que se encuentra en el altar de la iglesia.
Doña Alicia Gil recuerda con una expresión de agradecimiento, los inmensos favores que le había realizado don Juan García en vida, pues podía ser de madrugada o cualquier otra hora y él bajaba a su casa a ponerle una inyección a los hijos de doña Alicia o ha cualquier persona que requiriera de su ayuda y el dinero que recibía por este servicio era donado para las misiones en la iglesia.
Don Juan también era conocido por ser el “curandero”, quien con su inmensa fe curaba el dolor muscular de cualquier persona, con su misticismo lograba cautivarlos y tranquilizarlos, quienes lo conocían afirman que era una persona llena de humildad, quien, aunque algo enfermo nunca se le veía cansado o mal humorado, por lo que todos los habitantes del barrio que le conocieron, opinaban que era un ser de verdad enriquecedor.
De esta manera y con el paso de los años el barrio se comenzaba a ver cada vez más organizado, ahora tenían luz (sin contrabando), las Ochoa comentan muy joviales, como lo son todas las de esta familia, que cuando se tuvo luz en la calle nadie se quería dormir, ya que les parecía algo maravilloso.
Ahora contaban además con acueducto, el cual fue construido en conjunto por David y Carlos Moreno, así como también por las familias Jaramillo, los Rúa, los Ochoa y la familia Vélez, igualmente algunas calles ya se encontraban pavimentadas, la primera tienda que fue la de Carlos Moreno, ya no era la única, se contaba con otras cuatro en el barrio, al igual que el primer carro Ford modelo 38 que también fue de él.
También se contaba con varios televisores en el barrio y por ende ya no se pagaba para poder ver televisión, de esta manera “la Valvanera” era un servicio que iba en continua mejora y se pronosticaba para el barrio en general grandes cambios.
Pero no todo fue perfecto y hubo muchas muertes e injusticias, jóvenes de barrios aledaños ha Andalucía se entraban a las casas por los patios traseros para robarlas mientras las señoras sacaban la basura, por tal motivo se crearon grupos como las “milicias” y bandas delictivas”, y como ocurrió en casi todas las familias del barrio, cuatro familiares de don Adán y doña Gabriela murieron a causa de esta violencia.
A pesar de todo ello la gente siguió construyendo sus sueños en el barrio, en 1996 empezó la construcción de la estación del metro y con este se logro un avance radical, se crearon muchos negocios, las casas ahora estaban construidas en mejores materiales, todas las calles se encontraban pavimentadas, había servicios públicos, un coliseo, además de una iglesia construida totalmente con el esfuerzo de toda la comunidad, gracias al empuje principalmente de los padres Andrés Jaramillo y Aníbal Zapata, quienes también colaboraron en la construcción de la escuela Manuel Uribe Ángel, lugar donde estudiaban la mayoría de los niños del barrio.
El desarrollo del barrio continuaba con cada años que pasaba, lastimosamente en enero de 2006 Gabriel Piedrahita fallece luego de varios años de la muerte de su esposo Adán Rua quien había muerto en el año de 1989, pero como sus hijos señalan “murieron con la satisfacción de todos los deberes cumplidos, pues 50años de trabajo en la sociedad mutual “la valvanera” no eran para menos”, sin embargo esta noble labor es continuada por su familia y personajes como Adán y Gabriela, son recordados con cariño y aprecio en el barrio por su incansable labor, colaborando con el prójimo para hacer de Andalucía un verdadero barrio donde todos se sientan orgullosos de vivir.
En estos momentos y con la nueva transformación de Andalucía, a causa del metro cable, se respira un ambiente diferente, ya no se escuchan tiros, no se sabe de muertos, los niños juegan hasta tarde en el gran parque que se edifico para ellos, todas las familias asisten a misa, los jóvenes se divierten sanamente y en sus ojos se siente el sentido de pertenencia que han tomado con su barrio.
“Ahora se vive mejor”, “Los vecinos, la tranquilidad, la convivencia…TODO”, “Ver la cuadra organizada, las casas que ya no se inundad, la parroquia que va mejorando, eso me hace feliz en mi barrio”, “La alegría, el entusiasmo, las novenas cuando alguien se muere y la colaboración de los vecinos”, “Vivo aquí y muero aquí, además no hay como esto”. Son comentarios salidos de los viejos y nuevos habitantes del barrio quienes lo dicen de corazón y con el anhelo de cada día todo sea mejor.
Fuente: Periódico Comunarte
Es magnifico sentir lo innato en algo, lo puro y propio, es difícil comprender lo que fue y no volverá ha ser jamás, como todo, como cualquier cosa, la diferencia está en que Andalucía no es cualquier cosa.
Una mirada profunda y cansada, un caminar pausado, con ropas que parecían más de campesino de tierras lejanas que de un ciudadano común, unos labios de los que fluyeron pensamientos e ideas que aunque modestas y tenues, lograron cambiar el pensamiento de mucha gente, así era Adán Rua, uno de los primeros habitantes sino el primero que empezó ha escribir la historia del barrio hasta el día de su muerte.
Su esposa Gabriela Piedrahita era una mujer de piel blanca, estatura media, con un carisma enternecedor, con tanta sabiduría como la que solo podían dar los años y una mirada casi igual de brillante que la de su esposo.
Pero, ¿cómo fue que estás dos personas lograron inspirar tanto respeto entre sus vecinos?, por que donde quiera que se pregunte por los personajes destacados o que más han trabajado por el barrio, responderán que son ellos, desde la familia de doña Alicia Gil hasta la familia Ochoa, hablan de lo importante que fueron para el desarrollo del barrio.
Juan García, un habitante del barrio desde su inicio, recuerda como su padre quien se llamaba igual que él, le contaba que entre los años 1943 y 1947, tiempo en el cual comenzó la población del barrio, Andalucía era una gran montaña con pequeñas cañadas, “cuando llegamos no sabíamos en donde y con que construir, por eso junto con Adán Rua empezamos cogiendo caña brava del río y con tierra construíamos los ranchos, como es obvio no contábamos con servicios públicos, hacíamos letrinas y las mujeres lavaban y traían agua de cañada negra, en esos momentos ya estábamos bastantes familias conviviendo en esta gran montaña, como las Ochoa, los Jaramillo, la familia Rodríguez y los Herrera, éramos buenos amigos”, comenta Juan García, recordando las palabras de su padre.
Cuentan los habitantes de aquella época que aprovechaban cada cosa que tenían, como lo fue el fogón el cual tenía una chimenea y era llamado “el reverbero”, las cenizas que salían de allí eran utilizadas para lavar el mismo fogón, en esos días todos tenían que ser muy prácticos y creativos en todo lo que hacían, sin embargo hay algo más relevante lo cual todos sus habitantes destacan y es, sin lugar a dudas la inagotable perseverancia, el amor y esfuerzo con el cual realizaban las cosas, pues casi todos en el barrio dicen lo mismo “nadie como ellos hacían las cosas con tanta pasión”.
Gracias a ese sentido de colaboración y amor por el barrio es que se le respeta tanto a la familia Rua, quienes convirtieron las dificultades y los inconvenientes en un pensamiento que término convirtiéndose en una gran idea. “La sociedad mutual nace del amor que le tenían mis padres a la comunidad, por eso mismo con la muerte del señor Andrés Jaramillo, su familia se ve obligada ha pedir dinero para su entierro, lo que con justa razón causa que mis padres busquen la solución ante esto”, comenta Alba Rua, hija de Gabriela y Adán Rua.
Pero era casi imposible que la familia Rua, sin la ayuda de nadie más hubieran creado tan gran beneficio, contaron entonces con el apoyo de toda la comunidad que participaba en las rifas y eventos que estos hacían para la recolección de fondos, de esta manera se fue consolidando la sociedad, gracias a lo cual lograron contar con un salón grande donde recibían el dinero y hacían las velaciones, tuvieron muchos inconvenientes como en todo proyecto en el que se busca ser mejor, pero ellos tuvieron el valor de continuar y superaron todos los inconvenientes.
Pero en esos días no todo era trabajo, por eso los fines de semana don Adán y doña Gabriela, se divertían con todos sus vecinos en lo que ahora es la cancha, en este lugar don Víctor, quien era el encargado del quiosco donde todos se reunían, tenía un motor de luz ubicado en su establecimiento, gracias a esto y al único equipo de sonido del barrio podían animar sus noches en las cuales escuchaban música, bailaban, narraban las novelas y por medio de un parlante se ofrecían dedicatorias.
Más de un amor se consolido allí, entre el baile, la música y la diversión; cuentan los antiguos hombres del barrio que mientras sus novias se encontraban en sus respectivas casas, ellos aprovechaban y se quedaban bailando con esas otras mujeres que nunca se han acostado temprano.
Mientras los años transcurrían lentos y sin mayores alteraciones, poco a poco iba llegando más gente al barrio, unos venían de San Cristóbal, otros incluso de lo que ahora es el Poblado, también de Belén y algunos otros como Roberto Saldarriaga quien llegó en 1949 al barrio, procedían de pueblos cercanos, Roberto Saldarriaga siempre se caracterizo por ser un hombre trabajador y con mucha trayectoria en el barrio, quien desde su humilde hogar recuerda con nostalgia aquellos días, la dificultades que sufrían y como antes todo el lugar era un pantanero.
A diario se puede ver por las calles del barrio a don Roberto con su joven hija Elena, con la cual ha convivido toda su vida, mientras recuerda con alegría que su casa fue la primera que tuvo un radio en el barrio, el cual estaba conectado a un cable en la esquina de su casa (lo que ahora es la cra49), en este lugar había una guadua y de allí salía un cable que llegaba hasta las casa, el cual estaba unido a un cono por donde se escuchaba la emisora radial. También utilizando guaduas traían el agua desde el morro.
Entre las medallas y trofeos que decoran la casa de don Roberto, se nota su gusto y amor por el deporte y mientras estos detalles se hacen notorios, su hija Elena comenta sobre las antigüedades de su casa, como el escapulario que le dieron a su papá en la primera comunión hace 70 años y su equipo de sonido que tiene más de 20 años, mientras tanto don Rodrigo con cierta modestia se refiere al primer torneo de fútbol que realizaron en el barrio, el cual gracias a su esfuerzo logro salir adelante.
Como los Saldarriaga, hay otra familia que también vive entre los trofeos y las medallas de sus triunfos, ellos son Selene y Víctor Ocampo, quien constantemente los habitantes del barrio observan siempre organizando su tumulto de guayos y hablando de los buenos torneos que jugaban en la cancha, además afirman con orgullo que fueron la primera pareja en haberse casado en la iglesia “las Victorias”.
Selene Ocampo, también recuerda el gran recorrido que han tenido sus vecinos Adán y Gabriela Rua, con la sociedad mutual, la cual como ella misma afirma “ha sido una ayuda incansable y constante para el barrio”.
Para entonces ya no era sólo sociedad mutual, ahora era “La valvanera” en honor al monumento que se tenía de la virgen en la esquina derecha del salón de la sociedad mutual, una sociedad que para ese tiempo se había convertido en un lucro para los Rua, quienes dirigían esta sociedad mutual.
En aquellos años Juan García, padre, se hacía cargo de la pólvora en los festines del barrio, pero ahora su hijo Juan continuo con el legado, cada año regalaban a la iglesia el cirio en semana santa, “por tradición todos los hombres en la familia han cargado los santos” comenta Juan García hijo, junto a su hermano Diego, otro de los hijos de la familia García, quienes además regalaron el querido y admirado “Cristo resucitado” que se encuentra en el altar de la iglesia.
Doña Alicia Gil recuerda con una expresión de agradecimiento, los inmensos favores que le había realizado don Juan García en vida, pues podía ser de madrugada o cualquier otra hora y él bajaba a su casa a ponerle una inyección a los hijos de doña Alicia o ha cualquier persona que requiriera de su ayuda y el dinero que recibía por este servicio era donado para las misiones en la iglesia.
Don Juan también era conocido por ser el “curandero”, quien con su inmensa fe curaba el dolor muscular de cualquier persona, con su misticismo lograba cautivarlos y tranquilizarlos, quienes lo conocían afirman que era una persona llena de humildad, quien, aunque algo enfermo nunca se le veía cansado o mal humorado, por lo que todos los habitantes del barrio que le conocieron, opinaban que era un ser de verdad enriquecedor.
De esta manera y con el paso de los años el barrio se comenzaba a ver cada vez más organizado, ahora tenían luz (sin contrabando), las Ochoa comentan muy joviales, como lo son todas las de esta familia, que cuando se tuvo luz en la calle nadie se quería dormir, ya que les parecía algo maravilloso.
Ahora contaban además con acueducto, el cual fue construido en conjunto por David y Carlos Moreno, así como también por las familias Jaramillo, los Rúa, los Ochoa y la familia Vélez, igualmente algunas calles ya se encontraban pavimentadas, la primera tienda que fue la de Carlos Moreno, ya no era la única, se contaba con otras cuatro en el barrio, al igual que el primer carro Ford modelo 38 que también fue de él.
También se contaba con varios televisores en el barrio y por ende ya no se pagaba para poder ver televisión, de esta manera “la Valvanera” era un servicio que iba en continua mejora y se pronosticaba para el barrio en general grandes cambios.
Pero no todo fue perfecto y hubo muchas muertes e injusticias, jóvenes de barrios aledaños ha Andalucía se entraban a las casas por los patios traseros para robarlas mientras las señoras sacaban la basura, por tal motivo se crearon grupos como las “milicias” y bandas delictivas”, y como ocurrió en casi todas las familias del barrio, cuatro familiares de don Adán y doña Gabriela murieron a causa de esta violencia.
A pesar de todo ello la gente siguió construyendo sus sueños en el barrio, en 1996 empezó la construcción de la estación del metro y con este se logro un avance radical, se crearon muchos negocios, las casas ahora estaban construidas en mejores materiales, todas las calles se encontraban pavimentadas, había servicios públicos, un coliseo, además de una iglesia construida totalmente con el esfuerzo de toda la comunidad, gracias al empuje principalmente de los padres Andrés Jaramillo y Aníbal Zapata, quienes también colaboraron en la construcción de la escuela Manuel Uribe Ángel, lugar donde estudiaban la mayoría de los niños del barrio.
El desarrollo del barrio continuaba con cada años que pasaba, lastimosamente en enero de 2006 Gabriel Piedrahita fallece luego de varios años de la muerte de su esposo Adán Rua quien había muerto en el año de 1989, pero como sus hijos señalan “murieron con la satisfacción de todos los deberes cumplidos, pues 50años de trabajo en la sociedad mutual “la valvanera” no eran para menos”, sin embargo esta noble labor es continuada por su familia y personajes como Adán y Gabriela, son recordados con cariño y aprecio en el barrio por su incansable labor, colaborando con el prójimo para hacer de Andalucía un verdadero barrio donde todos se sientan orgullosos de vivir.
En estos momentos y con la nueva transformación de Andalucía, a causa del metro cable, se respira un ambiente diferente, ya no se escuchan tiros, no se sabe de muertos, los niños juegan hasta tarde en el gran parque que se edifico para ellos, todas las familias asisten a misa, los jóvenes se divierten sanamente y en sus ojos se siente el sentido de pertenencia que han tomado con su barrio.
“Ahora se vive mejor”, “Los vecinos, la tranquilidad, la convivencia…TODO”, “Ver la cuadra organizada, las casas que ya no se inundad, la parroquia que va mejorando, eso me hace feliz en mi barrio”, “La alegría, el entusiasmo, las novenas cuando alguien se muere y la colaboración de los vecinos”, “Vivo aquí y muero aquí, además no hay como esto”. Son comentarios salidos de los viejos y nuevos habitantes del barrio quienes lo dicen de corazón y con el anhelo de cada día todo sea mejor.
Fuente: Periódico Comunarte

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