Villa Niza, en medio del esfuerzo y el empuje



Por: Augusto Restrepo.

La historia de Villa Niza, se comienza a escribir el 17 de agosto de 1961, fecha en la cual la OEA aprobó el plan “Alianza para el Progreso”, durante el gobierno Kennedy en los Estados Unidos.

Este plan pretendía aportar al proceso de desarrollo de los países latinoamericanos, con excepción de Cuba, que había acabado de lograr el establecimiento de un nuevo gobierno a través de la revolución de 1960. Además de la necesidad de impedir que los aires de la revolución se esparcieran por toda Latinoamérica, este plan pretendió generar simultáneamente en toda esta región programas de salud, vivienda y atención a la niñez.

En nuestra ciudad estas ayudas se tradujeron específicamente en la construcción de dos barrios que buscaba generar soluciones de vivienda ante la creciente invasión de predios y urbanización descontrolada de la floreciente Medellín. Uno de estos barrios, ubicado en la zona noroccidental de la ciudad tomó precisamente el nombre de Kennedy, en honor al mandatario asesinado luego el 22 de noviembre de 1963, cuando apenas se concluían las obras. El otro barrio tomó el nombre de la finca en la cual fue construido, llamada “Villa del Socorro”, el más grande de ambos proyectos, y el lugar donde se gestó la historia del barrio.

Este nuevo sector de la ciudad carecía de equipamiento urbano, ni siquiera existían vías de acceso, ya que el diseño de este barrio no tuvo en cuenta el sistema de cuadrículas en el cual se había basado la construcción de los demás barrios de gran parte de la ciudad; con excepción de Laureles, en el que se aplicó el sistema de circulares (muy europeo).

Este barrio solo contaba entonces con una vía principal, trazada en forma de serpiente, dejando espacios aplanados todavía hoy llamados descansos, para mitigar lo empinado del terreno, teniendo en cuenta que desde el inicio de las obras pesados camiones con material debían subir casi dos kilómetros por la montaña. La casa principal de la finca Villa del Socorro, estaba ubicada al inicio de la ladera, en lo que hoy se conoce como el segundo descanso, donde hace mas de tres décadas las primeras familias ubicadas en esta parte del naciente barrio, aprovechaban el paso lento de las volquetas y los planchones, especialmente en época de lluvias para “tomar prestado” un poco del material de la Alianza para el Progreso y hacer mejoras o ampliar sus viviendas.

Las calles eran pequeños caminos que desembocaban en la vía principal, que con el tiempo al ser pavimentados a través de los nostálgicos “convites” conservaron sus trazos iniciales.

No se contó con mucho diseño urbanístico para la construcción de estas casas y todas tenían las mismas medidas y proporciones de 8x12 mts, en la mitad se contaba con una sala, dos habitaciones y un baño muy ventilado junto a la cocina y un patio de iguales proporciones, en los cuales las primeras familias mantenían vivas algunas de sus prácticas campesinas como el cultivo de hortalizas, de flores y de toda clase de plantas medicinales y ornamentales, además de la cría de cerdos y gallinas, prácticas estas extrañadas con nostalgia.

Esta nostalgia se debía a la decisión que habían tenido que tomar la gran mayoría de las familias que llegaron durante el periodo de mediados de siglo a las ciudades colombianas, quienes lo hicieron por desplazamiento forzado a raíz de la violencia partidista que se había agudizado por aquellos días en el campo.

Estos patios estaban comunicados entre si, lo que mantuvo a las familias íntimamente relacionadas, generando desde el inicio un sentido de comunidad y de solidaridad, uno de los más arraigados valores de la pobreza (citando al padre Federico Carrasquilla).

La historia de Villa Niza, sigue gestándose en el interior de la historia de Villa del Socorro, especialmente cuando la iglesia, las escuelas y posteriormente las zonas deportivas y el paradero de buses se ubican en la parte más alta del barrio.

La parroquia San Martín de Porres, nombrada así en honor a aquel santo peruano negro, pobre, hijo de padre desconocido, no podía recoger de mejor manera la esencia del barrio, y hasta ésta subían al principio las procesiones que siempre eran caminatas penitentes por lo extenso del recorrido, las cuales con el tiempo comenzaron a realizarse desde la mitad del barrio hasta la iglesia en la parte alta, razón por la cual los fieles de la parte baja tenían que desplazarse siempre que quisieran acudir a los santos ritos.

En este sitio empieza a marcarse el primer punto de quiebre de esta historia, ya que a lo largo de dos décadas los habitantes de la parte baja reclamaban mayor atención de sus vecinos de la parte alta, especialmente de los líderes comunitarios y de aquellos que en época de lluvias aprovechaban para verter en las descendentes aguas sus escombros, tierra y basura, que se estancaban al final del aguacero en las calles y aceras de la parte baja. Este solo hecho mantenía vivo el descontento cada año.

En la década de los 80 la ciudad entera vivió una situación de violencia extrema, especialmente entre los jóvenes, que también se manifestó en este barrio, la territorialidad comenzó a evidenciarse en las bandas de muchachos, como un rasgo característico de la especie humana, pero que ahora se manifestaba incluso de calle a calle, de esquina a esquina, de barrio a barrio, entre iguales, entre hermanos.

Esta fragmentación de la que no escapó ningún sector popular de la ciudad, también se vivió aquí; creándose unas barreras imaginarias entre los de arriba, los del centro y los de abajo, que incluía a las bandas, a sus familias, sus vecinos, es decir a todos. Esta situación generó un rompimiento de los modos de relación entre las gentes de los diversos sectores, al punto que pasaban meses sin verse con el vecino de pocas cuadras, al que se le encontraba de pronto en el centro de la ciudad.

En 1989 la Arquidiócesis de Medellín, a petición de muchos habitantes de la comunidad de la parte baja, especialmente las señoras de misa diaria que ya no podían asistir a otras iglesias por temor a la balacera diaria o por la osteoporosis, decidió enviar un sacerdote en calidad de capellán.

Seguramente en sus años de juventud en el municipio de Pácora, Caldas, Rigoberto Betancur nunca se imaginó que el destino lo conduciría a ejercer su sacerdocio en medio de las balas. Primero en El barrio Trinidad donde por su excelente trabajo de evangelización dentro de una comunidad muy conflictiva, se ganó el derecho de ser enviado a un pequeño sector que ni siquiera tenía iglesia, ni casa cural, pero si muchos creyentes ávidos de misa.

Fue recibido por un animado grupo de señoras que lo ubicaron en una casa deshabitada, ubicada junto al salón social del barrio Niza Norte, donde estaría ubicada la improvisada capilla. La primera noche que pasó en el barrio no pudo dormir, una bala de fusil atravesó la pared de la casa y dio justo en el muro donde pensaba poner la foto del Papa.

Sin embargo esto no desanimó al Padre Rigoberto, que empezó a hacerse conocer al día siguiente, caminando por las calles, invitando a la misa, ante la mirada sorprendida de la comunidad que llevaba mucho tiempo esperando un motivo para salir de sus casas, y que llenó hasta las ventanas el salón comunal ese domingo.

La historia de Villa Niza comienza con la llegada de este personaje, un tanto obeso y carismático sacerdote, de ojos claros, fuerte voz, y una incontenible simpatía que lo llevó casi de inmediato a ser querido. Las razones por las cuales fue enviado a esta comunidad estaban ligadas a su ejercicio sacerdotal, pero quien sabe si la mano divina también lo había enviado a devolverle la esperanza a una comunidad fuertemente golpeada por la violencia y el abandono.

Lo primero que hizo fue invitar a los jóvenes a conformar un grupo juvenil, y cada sábado llegaban a las 5:00 de la tarde muchachos que viviendo en el mismo sector, a pocas cuadras, no se habían visto jamás y otros que llevaban buen tiempo sin hacerlo.

Este punto de encuentro de cada sábado se convirtió en el grupo juvenil Corazones Abiertos, y comenzó a convocar también a los que se habían acercado poco o demasiado al juego de las armas, convirtiéndose en una alternativa, en un camino diferente. Sin embargo la violencia continuó y cada semana el padre Rigoberto despedía un féretro con los acordes del réquiem en la puerta de la improvisada iglesia.

La comunidad comenzó a integrarse cada vez más a las actividades de la capilla, al punto que en diciembre de 1991 la Arquidiócesis de Medellín le concedió a este sector la asignación de una parroquia, llamada la Transfiguración del Señor, que celebra su día patronal el 6 de agosto, y delimitada al sector Villa-Niza-Legua; Villa por Villa del Socorro, Niza por Niza Norte y La Legua por un sector del barrio Andalucía.

En este mismo año el proceso de organización juvenil que había iniciado el Padre Rigoberto coincidió con otro proceso de organización juvenil que comenzó en los Populares y agrupó a jóvenes en ocho barrios de la ciudad, denominado Casas Juveniles, que contó con el respaldo del Estado a través de la Consejería Presidencial para Medellín y algunas ONG´s como Corporación REGIÓN.

Este nuevo horizonte le permitió a la organización juvenil que había gestado el Padre Rigoberto trascender hacia lo comunitario y en este mismo año logro que la Alcaldía de Medellín reconociera a este sector como un barrio llamado Villa Niza, constituyendo la primera Junta De Acción Comunal, mediante elección popular e integrada por los jóvenes de Corazones Abiertos.

Al año siguiente se alcanzó otro de los logros que le dio una mayor identidad al barrio Villa Niza, y fue la construcción de la cancha de fútbol en el terreno que “Don Guillermo”, le vendió a la ciudad y que había sido en otro tiempo un exuberante cañaveral donde los niños buscaban varillas de caña para hacer cometas, luego un tiradero de basura, donde parte de las inmundicias de la ciudad reposan, luego un improvisado helipuerto donde aterrizó la Primera Dama de la Nación en su visita al barrio, y hoy en día la cancha de fútbol más grande de la zona nororiental de la ciudad, donde todavía esperamos que surja otro héroe local así como “Pelusa” Pérez en Villa del Socorro.

Luego de la partida del Padre Rigoberto, la Parroquia “la Transfiguración del Señor”, continúa siendo el punto de referencia por excelencia, construyendo un hermoso templo en el año de 1995, por el cual han pasado en estos años de historia siete párrocos.

Desgraciadamente los periodos, o ciclos de violencia se han repetido a lo largo de nuestra historia, han sido muchos los actores y grupos violentos que han transcurrido por este barrio, han sido muchas las vidas perdidas y desperdiciadas alrededor de la violencia.

La década del 90 tuvo periodos muy duros en cuanto a conflicto armado, sin embrago como se ha hecho costumbre para esta ciudad, se ha seguido hacia adelante de la mano de la violencia y la muerte, como las flores que crecen entre la maleza, hasta que de pronto un momento de calma aparece y no se espera a la balacera de la mañana para salir al trabajo o al estudio, ni a las explosiones de la noche para poder dormir, y de nuevo otro estallido, y luego otra tregua y así creemos que nos acostumbramos. Esta parecer la constante de nuestra historia, aunque aquí ya no estamos hablando de Villa Niza, ni de la Comuna 2, hablamos de la ciudad, hablamos del país, del mundo.

Aunque han sido muchos los momentos difíciles que hacen parte de la memoria colectiva de este barrio, así como de muchos otros, en esencia lo que ha identificado a Villa Niza desde sus orígenes hasta hoy es la calidad de sus gentes, la desbordante alegría de sus calles, el deseo firme de quedarse a vivir, el impulso a caminar hasta la estación Acevedo para ir a estudiar y ser mejor cada día, la convicción de criar a los hijos en medio de gente que los cuide y los quiera, la determinación de tener un negocio y prosperar, la vocación de servicio, el sentido de comunidad. Siguen siendo más fuertes las manifestaciones de vida y hoy en día que se respira más tranquilidad solo queda rogar como se ha hecho siempre, para que esta esquiva paz se mantenga, ojalá esta vez, hasta que el tiempo nos haga olvidar que rogábamos por ella.

Fuente: Periódico Comunarte

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