La vida de Santa Cruz




“El barrio donde crecen y aún hoy permanecen los fundadores de la Corporación, se consolidó por medio de invasiones que sucedieron en la ciudad entre 1940, cuando se tomaron las tierras para hacer la invasión Moscú, y aproximadamente 1982 cuando se hizo el último sector de invasión dentro del barrio llamado Las Malvinas, nombre evocativo de la guerra que en 1981 tuvieron Inglaterra y Argentina.

En una franja del barrio funcionó una zona de tolerancia llamada “Las Camelias”, o como, jugando con las palabras, la gente la llamaba: “Las Camas de Amelia”. Un símbolo cultural bien complejo, porque todos iban de paso y esto generaba un tejido social del desarraigo, del nomadismo; tejido que impidió durante muchos años generar esa cultura de barrio donde no solamente se duerme, sino que se construye vida, historia. Así, los burdeles eran los referentes reales del barrio, “Bolebar”, “El Tetero”, “Tango Bar”, “Copinol” y otros que marcaban esta zona. Cuando se destruyeron, también destruyeron la memoria de la infancia del barrio, infancia de la que sólo quedó “Copinol”, la actual sede de Nuestra Gente.

Rilke dice que “la infancia es la patria del hombre”. La infancia de este barrio caracterizada por la existencia de burdeles, de putas, de camajanes y de “guapos”, lo que derivo posteriormente, en una “adolescencia” ya no de burdeles y putas sino de “pistolocos”, bandolas en vez de galladas y muertos, muchos muertos.

Ellos, compañeros de viajes infantiles y juveniles. Ellos con otras opciones distintas, nos invitaban, de algún modo, a vivir a lo “camaján” robando, drogándonos, sin importar a quién se le iba hacer daño. Su invitación era seductora porque se obtenía dinero, respeto infundado por el temor, bienestar; era la vida, otra vez, del desarraigo del delincuente, del bienestar báquico del “comamos y bebamos que mañana moriremos” y morían.

En este barrio habitan los fundadores de la Corporación desde la década de los setenta, tiempos donde el “Cocol” y el “Alhelí”(bebidas alcohólicas caseras) corrían de día y de noche. Los tangos y la Sonora Matancera eran sinónimo de gusto e identidad y un cuchillo Inca-Metal era “el ángel de la guarda” de los “guapos” de la época, “eran mas caballerosos”.

En este marco algunos de los jóvenes fundadores de Nuestra Gente inician su proceso social alrededor de la Parroquia y otras expresiones como los catequistas, los scout, los equipos de fútbol, haciendo carrera como animadores juveniles....

....Qué oportunidad tiene un joven de barrio cuando sus padres tienen que trabajar para conseguir el sustento, cuando el nivel de educación de los padres nunca está por encima de un tercero de bachillerato, cuando la única preocupación cultural de ellos es comprar un televisor para ver si el muchacho o los hijos no andan más en la calle, expuestos a peligros y malas compañías.

Con los desplazados de cada época siempre actúa el sistema represivo, con el ánimo de proteger el derecho de propiedad de algunos, intenta que los que llegan no se asienten. El barrio nació así, en ese esquema de ilegalidad donde la única relación posible con el estado era la represiva. Por eso la ausencia de servicios público, las pocas oportunidades recreativas, artísticas y culturales o los programas sociales, de intervención para construir ciudadanía.

Sin embargo, la realidad se impone siempre, años después de mucha marginación, y entonces los que llegaron al barrio, en contra de toda la represión, sobreviven, se vuelven legales por terquedad. Allí llega entonces el Estado a intervenir con obras, con servicios, a cumplir con su deber. Pero mucho después. Y ese después, en Santa Cruz se puede ubicar en los años 70, es decir, luego de casi 30 años de insistencia en el no diálogo, en la marginación, en la negación bilateral estado-personas.

Resultado de esa marginación y falta de diálogo es la generación de amigos que vimos caer y desaparecer en menos de 15 años por la velocidad con que enfrentaron la vida. Muchos de estos niños y jóvenes se vieron tentados por el dinero y las armas, por el poder del terror que ofrecían los narcotraficantes, muchos de estos amigos pensaron vivir cómoda e impunemente con los frutos del robo y la extorsión.

Otros vieron en la marginación un reto para construirse así mismos en el estudio, en los grupos juveniles, en los grupos de teatro, en el coro del colegio o en el grupo de música latinoamericana. Decidieron entonces por cuenta propia y riesgo ofrecer al barrio un proyecto cultural llamado Corporación Nuestra Gente; en esa decisión participaron unos cuantos muchachos; para ellos era claro que debían ofrecerle a la gente del barrio otras opciones distintas a las que habían en ese momento. Fue la época cuando la música, el teatro, los títeres se tomaron la carrera 49, vía principal del barrio y allí comenzó a llegar la gente.


Tal vez estas palabras, de Jorge Blandón, director de nuestra gente, las cuales se originaron el taller participativo “Reconstrucción de la experiencia”, realizado en enero del 2001, por la Corporación Cultural Nuestra Gente, eran la mejor forma de describir los que ocurría y se vivía en aquel momento, en el cual apenas se comenzaba a salir de una época de mucha violencia que sin duda marco significativamente la historia del barrio Santa Cruz, así como también la de los otros barrios de la comuna 2.

La historia de este barrio se comenzó a crear en el año de 1940 y la cual ha variado constantemente; las primeras casas fueron construidas en bareque en lo alto de la montaña, un sitio con árboles de grandes follajes y gran cantidad de plantas de cadillo y batadilla, las cuales sobresalían en el suelo abrupto y rocoso, en medio de la maleza y los caminos de herradura.
Un lugar que se pobló de repente con emigrantes del campo y pueblos aledaños, así como también con personas de otros barrios que quisieron ubicarse en este lugar, toda esta historia comenzó en el sector central, en lo que ahora es conocido como la carrera 49, en medio de grandes dificultades y necesidades, un sitio en el que la energía eléctrica no llego hasta luego de los años 50, por lo que la oscuridad se combatía con parafina, trozos de llantas o una mecha que sobresalía de un frasco lleno de petróleo, con lo cual iluminaban sus oscuras noches.

Estos tiempos fueron marcados por la violencia, el desempleo, la falta de educación y espacios públicos. Pero sin duda lo más visible y generalizado era el desempleo, mezclados con una educación precaria o marcada generalmente por la deserción escolar, lo cual generaba desesperanza en los jóvenes a causa de esa expectativa incierta por un futuro desempleado.

En el sector de Santa Cruz, según estudios realizados por la alcaldía, el 40% de la población son niños, 30% son jóvenes, 20% adultos y 10% ancianos tal vez una de las tendencias más destacadas es la gran cantidad de niños, que llenan todos los espacios con su alegría, pero que también es una constante que va en aumento y cada vez encontramos más madres con menor edad y asumiendo un papel para el que en muchas ocasiones todavía no están preparadas.

Pero sin duda según todos los habitantes del barrio, algo que ha caracterizado la historia del barrio es la solidaridad entre los vecinos que combinado con un gran espíritu de superación hace que la comunidad siempre encuentre la forma de superar sus problemas, los cuales dejan de ser de una sola familia para convertirse en un problema de toda la comunidad, este espíritu de cooperativismo se ha fortalecido con el paso de los años y de las dificultades que han tenido que soportar, lo cual ha hecho que Santa Cruz sea un lugar que todos sus habitantes quieren de corazón.

Fuente: Periódico Comunarte

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