
La historia del barrio Pablo VI, ha estado marcada por las dificultades y los problemas pero también por grandes personas que ante las dificultades que les imponía la vida se las ingeniaban para salir adelante, muchas veces gracias a la ayuda de sus vecinos, una de las más claras representantes de este esfuerzo que vivieron los primero pobladores de barrios como pablo VI es Maria Heroína Escobar, una señora de 68 años, estatura media y cabella rizado blanco canoso, tan canoso como la sabiduría adquirida luego de toda una vida de lucha, esfuerzo y grandes dificultades, pero ante todo de mucho amor por su familia y por su barrio.
Un barrio que vio nacer y ayudo a forjar con sus propias manos, la historia de doña Maria Heroína y el barrio Pablo VI comenzó en el año de 1964, época en la cual las dificultades y la necesidad de forjarse un futuro propio la llevaron a ser una de la primeras personas que se atrevió a invadir este lugar, un sitio que hasta ese momento se encontraba deshabitado por lo difícil de la zona, debido a lo empinado del lugar y los constantes deslizamientos.
Por aquellos días doña Maria, tenía 26 años y se encontraba viviendo con su madre en el barrio la Francia, quien le había dado posada a ella y a su pequeña hija de tan solo 6 años, cuando notaron que dos personas estaban invadiendo la zona.
Recuerda como si fuera ayer cuando su cuñado llamado Javier Guarín, quien ya murió, le dijo “Vamos allí que están como marcando para coger lotes” y de inmediato se fueron para el lugar y comenzaron a marcar el sitio con palos y cuerdas, un lugar que hasta ese momento no había sido invadido por lo difícil del terreno.
Recuerda como en esos días también Diego Echavarria y Antonio Usuga, ya muertos, junto con Javier Guarín y doña Maria Heroína, eran los únicos habitantes de esta invasión, en donde el único pensamiento que corría por la mente de doña Heroína por aquellos días era hacerse a su lotecito.
En ese tiempo su ranchito, era un pequeño pedazo de tierra que había escarbado con mucho esfuerzo, un lugar hecho de palos y chamizos forrados en plásticos en el cual tan solo cabía la cama, un sitio tan alejado de los demás barrios e invasiones que a diferencia de estos, nunca los trataron de desalojar ya que la policía nunca venia hasta este apartado sitio.
Sin importar los años que han pasado, recuerda con lucidez el día en que llego al lugar, era un 9 de agosto de 1964, en plena época de lluvias, una época que como ella misma señala “no era de aguaceros, sino de torrenciales”, y debido a que su casa era de palos y bareque combinada con barro y recubierta con plásticos, cada vez que comenzaba a llover convertía todo en un gran pantanero, esto debido en gran parte al agua que bajaba cuesta abajo por la empinada pendiente y pasaba por todo el medio de la casa de doña Heroína.
“En un principio llamamos a este lugar la Isla, debido a que nos encontramos aislados de la familia y de todo, pero este nombre cambio por el de pablo VI luego que comenzaron a construir, cuando abrieron calles y comenzaron a construirse las casas de material”, señala doña Heroína.
Recuerda como debido a estos aguaceros, todo se convertía en un gran pantano por lo que tuvo que hacer una zanja que pasaba por el medio su ranchito hasta llegar a la puerta, que era un pedazo de tela, esta difícil situación se volvió algo común y de esta manera pasaron dos años.
Años en los cuales el lugar comenzó a poblarse, la gente había hecho sus casitas y ranchitos en las que vivían con sus familias y al año siguiente ya se comenzaban a ver algunas casitas construidas en material.
Luego de doña Heroína llevar un tiempo en este lugar, mientras vivía con su esposo e hijos, varias personas comenzaron a invadir la zona baja del lugar, pero en este sitio la policía a diferencia de la parte alta, llegaba constantemente a desalojar, esto se debió en gran medida al señor Pedro Mesa, que era el acaudalado propietario de una de las fincas de la zona, quien aprovechando que algunas personas estaban invadiendo este lugar decidió hacer lo mismo.
Para lo cual llevo un grupo de trabajadores de la finca para dedicarse a esta labor, comenzaban poniendo pedazos de colinos de penca amarrados con cabuyas, pero en cuanto se marcho junto con sus trabajadores, doña Maria Heroína y los demás habitantes, molestos por la avaricia de este señor, quitaron y botaron lo hecho por Pedro Mesa y sus hombres, para que las personas que de verdad lo necesitaban pudieran invadir la parte baja de la zona.
En un principio esta personas invadían haciendo unos pequeños quioscos tapados con plásticos los cuales al poco tiempo fueron tumbados por la policía que había sido traída al lugar por Pedro Mesa, el mismo al que ellos no habían dejado invadir, todo esto con el fin de que el señor Mesa, logrará realizar su loteo pirata que luego aspiraba vender, por lo que en la parte baja del barrio se generaban constantemente enfrentamientos entre la policía y los invasores, pero estos enfrentamientos nunca llegaban hasta la parte alta, lugar donde viva doña Heroína con su familia.
Todo esto finalizaría cuando Pedro mesa el rico finquero de la finca la Mesa, una de las más grandes del lugar, llegara un día a lugar y luego de tratar de tumbar unos ranchitos para apoderarse del sitio, fue cogido a piedra por los habitantes del barrio y desde ese momento nunca más se le volvió a ver a este señor por este lugar.
Luego de llevar viendo dos años en este lugar, tiempo en el cual el sitio comenzó a poblarse y ahora gran cantidad de personas habían hecho sus casitas y ranchitos en los que vivían con sus familias, al año siguiente ya se comenzaba a ver algunas casitas construidas en material indicando el progreso que se comenzaba a vivir en el barrio.
Por esos días doña Maria Heroína pensaban comenzar a organizar su casita, por lo cual todas las madrugadas bajaba hasta la quebrada cercana a su casa junto con sus hijos, labor que comenzaban desde las seis de la mañana, entonces Jorge Arturo Franco, un vigilante quien trabajaba en el centro de la ciudad y esposo de doña Heroína.
Al ver el esfuerzo de doña Heroína por mejorar su hogar, le dijo que ahora que tenían la arena y la piedra para hacer las bases gracias al esfuerzo de su esposa e hijos y aprovechando que por esos días le iban a regalar un adobe macizo, le comento a su esposa acerca del material para construir, con el inconveniente que él no podía cargarlo hasta su hogar debido a su trabajo.
Pero con la fortaleza que caracterizaba a doña Heroína, ella le dijo que eso no importaba, que ella lo traería, pero como en esos días no había carretera y para llegar a su hogar tenían que pasar una quebrada atravesada con unos palos de guadua por los cuales cruzaban, todo se hacia muchos más difícil, por lo que luego de recoger el material, de estado macizo, se puso a la tarea de cargarlos cuesta arriba junto con sus pequeños hijos, en una exigente labor que comenzaría en la tarde y terminaría a las cuatro de la mañana.
Luego de esta titánica tarea su esposo le dijo “ya trajimos el adobe hasta aquí, ahora que vamos a hacer, yo no tengo plata con que poner un ayudante para oficial”(maestro de obra), a lo que ella le contesto, que no había problema, que consiguiera el oficial que ella se ponía de ayudante, “yo misma fui la que me encarte en ayudarle a él, yo me levantaba en las mañanas, organizaba los niños, el almuercito y me ponía a arreglar la casa, en esa época tenia unos treinta años y ya tenia cinco hijos, la mayorcita tenia tan solo siete años” comenta doña Heroína.
Recuerda también como ella era la que más luchaba, ya que su esposo era una persona que no se preocupaba por nada y mientras sus vecinos ya tenían sus ranchitos más o menos, como cuenta doña Heroína “los ranchitos eran de bareque pero estaban bien, sin embargo yo sufrí mucho para poder construir esta casita, luego de haber conseguido el lotecito duramos como seis años para construir la casita, además de todo como no había servicios yo tenia que ir a lavar en la quebrada junto a mi hermana que vivía en una casita cercan; cuando esa agua todavía era limpia, de donde también sacábamos el agua para tomar”.
Luego de mucho esfuerzo doña Heroína había sacado su casita adelante, pero las dificultades aún continuaban, el barrio todavía no contaba con servicios públicos y ahora la invasión comenzaba, pero ahora en la parte de arriba del lugar y en poco tiempo ese lugar también estuvo completamente poblado hasta el punto de tener junta de acción comunal.
Esta junta de acción comunal, logro convocar a todo el barrio con el fin de ayudar en la construcción de unos tanques en donde almacenar agua el agua de una naciente en lo alto de la montaña para poder distribuirla hacia las casas, pero el esposo de doña Heroína se negó a gastar su tiempo libre en esa labor, por lo que doña Heroína junto a su hermana y varios vecinos se pusieron en la labor de construir estos tanques ubicados en la parte alta del barrio.
En esta labor todos los vecinos del barrio colaboraban por igual, desde hacer la mezcla, hasta cargar adobe y piedra, todo con el fin de construir los dos tanques para así poder tener el preciado liquido en sus casas, el cual cuando los tanques estuvieron construidos llegaba hasta las hogares por medio de una zanjas que cada familia construía para que el agua pudiera rodar hasta sus hogares desde lo alto de la montaña.
Gracias a esto solucionaron una de sus principales necesidades ya que el agua y alcantarillado solo llegaron hasta la década de los ochenta, en el barrio tampoco tenían energía, por lo que esta la tenían que hacer llegar por medio de un cable de energía que traían de contrabando desde uno de los barios cercanos, también recuerda como ese mismo cable mato a uno de sus pequeños hijos de tan solo seis años, luego que el cable hubiera caído a causa de un fuerte viento, el cual fue recogido por el pequeño ignorando lo que ocurría.
Pero con el paso de los años a doña Heroína le han tocado todas las transformaciones que su barrio ha sufrido, desde la construcción de las primeras casas y calles en material, hasta la época de violencia y luego la calma.
“El cambio del barrio a sido inmenso, ya tenemos Energía, también el municipio ya puso el agua, eso ya fue mucho cambio, la convivencia con los vecinos es muy buena, cuando los necesitamos siempre nos ayudaron y colaboraron, por que como en ese tiempo todos éramos demasiados necesitados y lo único que teníamos eran los pies y la manos para trabajar, entonces nos apoyábamos mucho más, ahora no es tanto el apoyo pero cada vez que alguien necesita ayuda todos se colaboran, el barrio a avanzado mucho tenemos agua y luz, los carros ya pasan cerca y en todo momento, entes tocaba bajar hasta la carretera que en ese tiempo era llamada Bermejal, desde donde nos demorábamos hasta acá unos 20 minutos caminado a buen paso, pero ahora todo ha cambiado, al barrio no le falta nada y me siento orgullosa de mi barrio por que sufrí mucho y ahora gracias a mi Dios ya no”. Señala doña Heroína.
La historia de doña Maria Heroína Escobar, ha estado completamente ligada a la del desarrollo del barrio, una barrio que vio nacer y crecer, en el cual puso todo su vida y esfuerzo para que junto con sus vecinos todos pudieran salir adelante en medio de grandes dificultades que se les presentaban, un lugar en el que vio nacer a casi todos hijos, y al cual le tiene inmenso amor y cariño no solo por que allí pudo hacer su vida, sino también por que allí pudo criar y ver crecer a sus 6 hijos, 19 nietos y 15 bisnietos, los cuales como su barrio crecieron y ahora le tienen tanto cariño a este lugar como doña Maria Heroína, quien ayudo a construir la historia del barrio Pablo VI desde su inicio junto con sus vecinos.
Fuente: Periódico Comunarte

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