El Playón de los Comuneros, nacido de la noche a la mañana.



La historia del barrio el Playón de los Comuneros, es tan peculiar como la de todos los barrios que conforman la comuna 2, este barrio poblado principalmente por personas que provenían del campo, fue desde su inicio un problema para el municipio.

Todo comenzó una tarde de 1968, cuando aproximadamente 90 familias decidieron tomar posesión de un pequeño espacio de tierra, tal y como lo habían estado haciendo los sacadores de piedra quienes trabajaban en el lugar y fueron poniendo sus plásticos, que en un principio solo eran para taparse del sol, los cuales recogían en la tarde y que eran de nuevo puestos en la mañana, pero al ver que nadie les decía nada comenzaron a dejarlos amarrados y asegurados con palos, hasta que ya no los movieron más.

De pronto se corrió la voz que estaban invadiendo “la Cascajera”, nombre con el cual era conocido este lugar y casi de inmediato comenzó la romería de gente cargando consigo cualquier material que le sirviera en la construcción de sus ranchitos, buscando en medio mucha pobreza y grandes necesidades, tener un espacio propio donde vivir, hasta el punto que en busca de esta ilusión, en un solo día el lugar estuvo completamente lleno.

Pero toda esa dicha tan solo duraría poco, ya que en la tarde de ese primer día de invasión llego la policía con machetes en mano y comenzaron a tumbar todo, pero nadie quería dejar el lugar, la llegada de la policía se volvió casi algo de costumbre y cuando los veían llegar al lugar, quienes vivan allí sabían que lo más seguro era que les tocaría comenzar a montar sus ranchitos de nuevo.

Los habitantes de este nuevo barrio de Medellín ya sabían como era todo con la autoridad y el municipio, quienes solo querían que los invasores se fueran de este lugar, razón por la cual los vecinos se organizaban en grupos y traían muchos niños y bebes incluso de otros barrios, todo con el objetivo de formar bulto, como comúnmente se le dice, para así entorpecer el trabajo de la autoridad.

Cuando la policía llegaba al lugar todo el mundo se enteraba por los gritos y llanto de los niños, así como también por la gran confusión que se creaba en la cual generalmente varios habitantes del barrio salían lastimados, al igual que gran numero de policías a causa de las confrontaciones.

Pero sin importar cuantas veces la policía destruyera la invasión, esta continuaba, si en el día tumbaban 100 ranchos a la mañana siguiente aparecían 200, de esta manera el municipio se dio cuenta que el problema se les estaba saliendo de las manos, incluso varios de los policías que venían a realizar los desalojos vieron que en este lugar podían tener la casita que tanto habían estado buscando.

Razón por lo cual varios de estos policías se asentaron en los lotes que dejaban algunos pocos, quienes desistían de vivir en el lugar por los constantes desalojos que realizaba la policía o por que simplemente estaban cansados de cuidar ese pequeño pedazo de tierra para que los demás no se los quitaran.

Muchos de estos policías que salían todas las mañanas uniformados aún continuaban viniendo al lugar con la orden de desalojar a los habitantes, pero ya no eran capaces de realizar los desalojos, incluso varios de los policías que se habían asentado en este lugar, le tenían prohibido a sus hijos que les llamasen “papá”, por miedo a recriminaciones de sus superiores.

Muchos de estos policías vieron la oportunidad de ganar un dinero extra, por lo cual se apropiaban de terrenos los cuales luego vendían, incluso varios de los compañeros de estos policías hicieron lo mismo, de esta manera, la autoridad que en un principio solo venia a la invasión para tumbar los ranchitos, ahora venia pero de una manera mucho más tolerante y ya no desalojaban a los habitantes sino que ahora colaboraban mediando en los problemas que se causaban entre los invasores.

A causa de estos problemas en el año de 1970, se creo la primera junta provisional de acción comunal, quienes velaban por el bienestar de la comunidad y discutían sobre la gran cantidad de problemas que presentaban las familias que vivían en este barrio por aquella época.

Así poco a poco, el barrio el “Playón de los Comuneros” que nació paralelamente junto con el barrio “la Frontera”, se dio a conocer por toda la ciudad, en un principio por los medios de comunicación con el nombre de “el Pesebre”, debido a la gran cantidad de ranchos que eran hechos de cualquier manera y levantados en cualquier parte, en un barrio en el cual no habían calles, únicamente laberintos.

Luego de muchas dificultades, en el año de 1992 el consejo de Medellín por medio de acuerdo #037 en su articulo 1, autoriza al alcalde de Medellín, el ajuste del inventario de barrios de la ciudad, de esta manera mediante el acuerdo metropolitano # 09 de 1992, se amplio el perímetro urbano de la ciudad gracias a lo cual se emite el decreto #997 de 1993 en el cual en su articulo 2, reconoce como nuevos barrios de la comuna 2, a “el Playón de los Comuneros”, el barrio “Pablo VI” y Villa Niza.

El barrio el “Playón de los comuneros” limita al norte con el municipio de Bello, al oriente con la comuna 1(Popular), al sur limita con la comuna # 4 (Aranjuez) y por el occidente con el rió Medellín.

De esta manera “el Playón de los Comuneros” se convirtió oficialmente en un barrio más de Medellín y dejo de ser considerado simplemente una invasión en la cual gran numero de familias de escasos recursos, encontró la posibilidad de tener un hogar propio en un barrio que nació un día de una invasión paralelamente con el barrio la Frontera, los cuales en un solo día fueron poblados completamente, dando la oportunidad a muchas familias de tener un futuro, el cual en un principio tuvo muchas dificultades pero que hoy en día es un barrio que trabaja unido, con la esperanza de tener siempre un mejor futuro para todos sus habitantes.

Fuente: Periódico Comunarte

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